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El Nuevo Rol del Sujeto que Aprende en los Escenarios de Aprendizaje Virtual

Uno de los padecimientos históricos de los estudiantes ha sido el “confinamiento” a su rol de receptor pasivo, por lo que diversas corrientes de pensamiento pedagógico y modelos educativos han propendido por la dinamización del proceso de enseñanza y aprendizaje, especialmente en lo concerniente al sujeto que aprende, reclamando para éste una mayor participación y protagonismo en su propio proceso de aprendizaje. De ahí que en las últimas décadas se haya dado gran importancia al desarrollo de la habilidad de saber aprender o a la exploración de experiencias y saberes previos, pero sin que esto haya significado una notable transformación del rol del estudiante en su participación en la práctica educativa.

Enhorabuena, la apertura de los medios masivos, la incorporación y evolución de las computadoras, la consolidación de la Internet y la instauración de la cultura digital ha significado lo que, hasta ahora, ninguna reforma educativa había logrado, con relación a la participación del sujeto que aprende, configurar el escenario educativo para que haya un mayor dinamismo en el proceso de aprendizaje, una mayor participación e interacción entre los sujetos involucrados en la escuela.

Dicho de otro modo, la mediación tecnológica, en términos de las TIC, ha revolucionado el rol participativo de los estudiantes; dándole una gran importancia a la intersubjetividad, lo que desencadena el aprendizaje colaborativo y la cultura de la cooperación; propiciando que su participación requiera de un mayor grado de responsabilidad, siendo consciente y protagonista de su propio proceso de aprendizaje; permitiéndole tener una mayor incidencia sobre su propio ritmo y estilo de aprendizaje; y provocando que se pongan en juego sus habilidades particulares, intereses y afectos, so pretexto de apostarle al aprendizaje significativo, pues, quien aprende lo que le gusta, aprende más y mejor, y es capaz de generar nuevos conocimientos y formas de aprender.

En otras palabras, la mediación tecnológica ha cuajado el ambiente virtual, a propósito de la participación, como “un entorno de acción con múltiples interfases de comunicación” (Álvarez, s.f.); o sea, la medición tecnológica en los procesos de aprendizaje es una condición de posibilidad para que los sujetos del proceso de enseñanza y aprendizaje tengan una mayor consciencia y apropiación de sus roles y, por tanto, para una participación más efectiva e interactiva.

Bullen (2009), en el marco de sus planteamientos sobre el Boom de la Generación Red, señala: la inmersión en la tecnología digital los hace fundamentalmente diferente a las otras generaciones. El autor se refiere a la diferencia que se establece respecto al uso de la tecnología, entre la generación de los nacidos a partir de 1983 y otras generaciones. Como ya se ha insinuado, esto ha resignificado y reorientado el rol del estudiante, pues, su rol ahora se concibe dentro de una dinámica mucho más participativa, y lo desenclava de su vieja condición de receptor pasivo, para situarlo en una posición de aprendizaje autónomo y con posibilidad para ser, también, generador de nuevos conocimientos.

Esta nueva condición de participación concreta el ideal de educación, del cual esgrime Narváez en su artículo Autonomía para aprender y autonomía para vivir, en el que plantea:

Educar en libertad no es solo formar a nuestros alumnos en la capacidad de hacer cosas por sí solos, […] formar hombres capaces de aceptar una convivencia democrática (2005).

Todo este panorama no puede menos que incentivar una mayor apuesta en la mediación de las TIC y los ambientes virtuales, como escenarios privilegiados para propiciar y garantizar una participación mucho más dinámica de los sujetos del proceso educativo, especialmente del sujeto que aprende, y como lo podemos interpretar desde Narváez, un aporte fundamental para que el fruto de la educación tenga una incidencia real, mediada e inmediata en los desempeños socioemocionales, que contribuyen al fortalecimiento de una ciudadanía más participativa, más empoderada del contexto y comprometida con las demandas actuales.

Referencias:

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  • Alvarez Cadavid, G. M. (s.f.). Modelos de Comunicación en Educación:
    opciones para entender el trayecto de apropiación tecnológica. Universidad
    Pontificia Bolivariana, Medellín.

  • Narváez Rivero, M. (2005). AUTONOMÍA PARA APRENDER Y AUTONOMÍA PARA VIVIR. Revista
    Digital De Investigación En Docencia Universitaria
    , 1(1), 1-13.
    https://doi.org/10.19083/ridu.1.1

 

 

 

 

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Referencias:

Álvaro Hurtado Ver todo

Soy seguidor de Jesús, un papá feliz, teólogo, docente consagrado, aprendiz de poeta, melómano, amante de la naturaleza, respetuoso de la diferencia, fans del liderazgo femenino, soñador consumado...

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