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La práctica pedagógica como acto liberador

¿Cuántos docentes, en muchos momentos, se han sentido maniatados por el sistema escolar o por la práctica pedagógica intransigente de la institución que lo ha contratado? ¿Cuántas veces se habrán sentido en un callejón sin salida por el tedio de un ritmo monótono de las estrategias de aula? Más grave aún, ¿Te has puesto a pensar si tus estudiantes se sentirán cómodos en tus clases? ¿Los temas y la didáctica que empleas, toca sus intereses y sentimientos, o los coacciona para que repitan al pie de la letra cuanto les “enseñas”?

Ante este panorama, es necesario entender y asumir la enseñanza como un acto liberador, si se quiere, como un acto de amor. Un aspecto muy importante al enseñar es que el docente también aprenda, si este no es el primero en aprender de lo que enseña, no enseñará de manera efectiva y afectiva. Por eso, es menester sacudirse y soltarse, abandonar la zona de confort, salir de sí, para poder llegar al otro, salir al encuentro de quien da sentido al oficio, a aquel que constituye la razón de ser de la vocación de enseñar: el estudiante. Esto implica desacomodarse, renunciar a las falsas seguridades de las prácticas y estrategias. Por tanto, se debe tener presente que enseñar implica una salida generosa y abnegada de sí mismo, para salir al encuentro del otro, sin olvidar jamás que ambos (docente y estudiante) son unos eternos necesitados de sí mismos, interdependencia que le da un mayor sentido al acto de enseñar-aprender.

La práctica pedagógica así asumida, se convierte en un acto liberador, en tanto que se produce una ruptura con la condición inicial que nos subyuga, nuestro propio yo, que sumado a los factores sociales, políticos, económicos, culturales y geográficos, limitan al individuo y se oponen a su impulso natural de llegar a ser lo que se quiere y debe ser; esto es lo que puede ser llamado realización personal, conquistar el propósito de vida, la materialización del proyecto de vida, o visto desde la perspectiva docente, alcanzar un alto nivel de formación, el desarrollo de competencias y habilidades para la vida.

Álvaro Hurtado Ver todo

Soy seguidor de Jesús, un papá feliz, teólogo, docente consagrado, aprendiz de poeta, melómano, amante de la naturaleza, respetuoso de la diferencia, fans del liderazgo femenino, soñador consumado...

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